25/09/2022

Biblioteca Personal

Foto por Norbert Tóth en Unsplash

Estoy hecho de libros. El yo que ves en esta página, el libro que he escrito, los que estoy escribiendo y los que escribiré en el futuro.

En esta página quiero compartir los libros que más me han influenciado como escritor, y también como lector. La lista no sigue un orden definido y no tiene ninguna intención de ser completa o rigurosa.

 

El nombre de la rosa, de Umberto Eco

El nombre de la rosa fue el origen de todo, el libro que plantó la semilla de lo que hoy es Ferenc Copà a la provecta edad de doce años. Ayudado por la película de Jean-Jacques Annaud con Sean Connery (iniciática también en más de un sentido) y por el increíble juego de ordenador La abadía del crimen. Asesinatos en un monasterio medieval en que los monjes discuten sobre el vocativo de ego y la risa de Jesucristo. La alegoría del fin del mundo. Laberintos, herejías y un libro prohibido. Sherlock Holmes y Jorge Luis Borges. No estaríamos aquí sin Eco.

 

El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde

All art is quite useless. El prefacio del Retrato ha sido lo más parecido que tuve a un credo hasta el descubrimiento del don’t do it. Es imposible entrar en el estudio de Basil Hallward y no quedar atrapado como en una tela de araña, entre el olor de las rosas y los aforismos de lord Henry. Oscar Wilde redefinió la elegancia y la inteligencia (tanto es así que no hay mejor definición para el vocablo inglés wit que la manera de hablar de Wilde). Sus personajes son arquetípicos pero te persiguen durante años, como también lo hacen sus descripciones del Londres decimonónico (de las mansiones aristocráticas a los tugurios del East End). Más fáustica que cualquiera de los faustos, es sin duda la mejor historia sobre pactos sobrenaturales que se ha escrito nunca, pero no es solo eso. Compendio del ideario ético y estético del dandy (esos anarquistas elegantísimos de finales del XIX), es un reverso luminoso del Así habló Zaratustra (a pesar del toque moralista de su final). Y, por si todo esto fuera poco, contiene también una colección de aforismos insuperable.

 

Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez

Novela de aspiraciones bíblicas, todo en ella es inaugural, empezando por el idioma (la primera vez que la leí quedé maravillado por su uso del español, que sonaba en ella tan enormemente distinto de mi lengua materna). Y cada vez que vuelvo a sus páginas pienso lo mismo: pobres no hispanohablantes. Comienza casi como el Génesis, inaugurando el paraíso de Macondo (“El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”), y a partir de despliega la historia del pueblo que es en realidad una historia de Latinoamérica. Deslumbrante, pantagruélico y enormemente sensual, leerlo es auténticamente una fiesta. Simplemente uno de los mejores libros que se han escrito.

 

Un mensaje imperial y Preocupaciones de un cabeza de familia, ambos de Franz Kafka

Kafka funcionaba mejor cuanto más corto fuera su relato. En mi opinión, La metamorfosis es mejor que El proceso, y a su vez sus relatos más cortos son mejores que La metamorfosis. De ellos destacaría dos. Un mensaje imperial es, para mí, la pieza de literatura más prodigiosa que se ha escrito jamás. Cortísima (cabe en menos de un folio), es una narración a la vez bellísima y agónica, deudora a la vez de los cuentos clásicos como del espíritu nihilista del siglo XX. Y Preocupaciones de un cabeza de familia, también conocida por Odradek, es otra narración muy corta, de un tono inclasificable, sobrio pero a la vez humorístico y tierno, que acaba dejando un regusto inquietante y tremendamente descorazonador. Las mejores traducciones que conozco de ambos (no tengo la suerte de poder leerlos en alemán, así que me refiero a las que más me gustan en su versión castellana) son las de Julio Izquierdo.

 

Diccionario de cine, de Fernando Trueba

Hubo una época en mi juventud en que juzgaba la bondad de una película en función de si aparecía o no en la lista del final de este libro. A cambio, Trueba me descubrió innumerables obras maestras y una manera de mirar al cine ajena al academicismo y basada en la cantidad de vida que contiene una obra. Esta mirada sitúa a Truffaut por encima de Kubrick y a Casablanca muy por encima de Ciudadano Kane. No necesariamente se está de acuerdo con sus personalísimos criterios, pero es innegable la pasión que Trueba pone en esta obra. Mientras otros libros sobre cine me parecían o un pestiño o una pasarela por los puntos de reverencia habituales, este diccionario atípico, iconoclasta y enormemente libre se convirtió probablemente en el libro que he leído más veces.

 

El golem, de Gustav Meyrink

Obra enigmática, narrada en un extraño lenguaje aforístico, es uno de los libros más cautivadores que he tenido ocasión de leer. Se basa en las leyendas del barrio judío de Praga sobre un monstruo de barro animado por medio de la cábala, pero trasciende este relato para mostrarnos un onírico viaje de descubrimiento con claras referencias esotéricas. Las descripciones de un gueto de Praga de pesadilla y de sus angustiosos personajes se te quedan ancladas en la mente de por vida.

 

El rey de amarillo, de Robert W. Chambers

Una obra revolucionaria en el tratamiento del terror. Un conjunto de relatos que giran en torno a un libro maldito (llamado también El rey de amarillo), una misteriosa obra de teatro que provoca la locura a quien la lee. Sus referencias a Carcosa, las estrellas negras, los soles gemelos que se hunden en el lago Hali… nos evocan un mundo previo, angustioso y horrible. Olviden Lovecraft, por favor. Chambers (quien lo precedió, y a quien Lovecraft admiraba profundamente) es quien da en el clavo con la superación del terror decimonónico. Muy interesantemente, la extraordinaria primera temporada de True Detective bebe en el fondo, en la forma y en el argumento de este libro, y recomiendo enfáticamente su consumo junto con el libro de Chambers.

 

The art of creative thinking, de Rud Judkins

El libro contra el bloqueo mental del artista. Auténtico queroseno creativo. Todo escritor, pintor, artista, o en realidad cualquier persona interesada en mirar más allá de sus propias narices debería tenerlo permanentemente en su mesita de noche.

 

Casas encantadas, fantasmas y espectros, de Eric Maple y Lynn Myring

Ni Poe, ni Otra vuelta de tuerca, ni leches. Hay que tenerlos absolutamente cuadrados para aguantar leyendo, en una habitación oscura por la noche, tres o cuatro de los micro relatos que componen este clásico juvenil olvidado de los ochenta. Las ilustraciones que los acompañan son absolutamente escalofriantes. Si hay un solo libro responsable de mi adicción al cine y la literatura de terror es este.

 

Enduring Love, de Ian McEwan

O el libro del globo. Nadie que lo haya leído puede olvidar esa escena terrible con que abre la novela. E, increíblemente, a partir de ahí, el nivel sigue subiendo. La mejor descripción de un carácter obsesivo con la que me he encontrado. Inquietante hasta decir basta.

 

Pet Sematary, de Stephen King

El terror en estado puro. El propio King declaró que al terminar este libro sintió que había llegado demasiado lejos. Hay algo profundamente malsano, perturbador e incorrecto en la manera en que este libro trata la muerte… y la vida después de la muerte.

 

Las cosas que perdimos en el fuego, de Mariana Enríquez

La mejor escritora (o escritor) de la actualidad en su mejor libro de relatos. La renovación del género de terror que nos plantea Enríquez es radical y extremadamente realista; mezcla la geografía bohemia y decadente de Buenos Aires con el terror europeo y el folklore de su país, sin rehuir los peores horrores del pasado reciente argentino. Y todo ello narrado desde una perspectiva increíblemente actual y física. De auténtica pesadilla.

From Hell, de Alan Moore y Eddie Campbell

Este cómic basado en Jack el Destripador es literatura con mayúsculas. El trazo gótico y oscurísimo de los dibujos acompaña a una historia absorbente y a uno de los mejores retratos de la Inglaterra Victoriana. En mi opinión, la mayor obra maestra del noveno arte (aunque otra obra de Moore, Watchmen, le sigue muy de cerca).