06/12/2022

Pequeñas películas de mi vida II

En un artículo anterior hablé de las pequeñas películas que han forjado mi gusto, mis apetencias y, por ende, mi vida. Y hablé de que era necesario dividirlas entre aquellas que vi de niño, poniendo por tanto los cimientos de lo que soy hoy, y las que he conocido ya de adulto, con el uso de razón completamente formado1Al menos teóricamente., y que han configurado las partes más detalladas de mi gusto, su ajuste fino y más consciente. Las pequeñas películas que he descubierto ya de adulto son, necesariamente, más universales, más reconocibles, quizá más comunes. Su calidad puede ser menos discutida, y su existencia en otras memorias más probable.

Y, aun así, no dejan de ser mías.

La primera de esta lista es la introducción de una película que vi por primera vez en la frontera entre el niño y el adulto: Drácula (1992). Unos cinco minutos iniciales que bien podían haber caído en la primera parte de este artículo2De hecho, diría que el capítulo de Historias de la Cripta que citaba en mi anterior artículo debí verlo solo un año antes que esta película.. Se trataba de la interpretación del gran Francis Ford Coppola del clásico de Bram Stoker, y comenzaba de la siguiente manera:

Love never dies.

El resto de la cinta sigue bastante fielmente el libro de Stoker en su desarrollo, aunque lo orienta de una manera más romántica. Pero esta introducción era plenamente original. Servía, además, para vincular al misterioso conde de la novela con el personaje histórico de Vlad Tepes, príncipe de Valaquia al final de la Edad Media y conocido en su tiempo por Vlad Dracula (y también por Vlad el Empalador), y de quien Stoker no habría tomado más que el nombre3Bram Stoker descubrió al personaje de Tepes en un libro sobre Moldavia y Valaquia y le gustó la sonoridad del nombre Drácula. Originalmente el personaje se iba a llamar Conde Wampyr..

Es una película dentro de una película, y uno de los momentos narrativos que más me influyeron en mi adolescencia. En sus apenas cinco minutos (insisto, plenamente originales) nos presenta al Conde como la prolongación inmortal del propio Tepes, que habría renegado de Dios al sentirse traicionado por defender la fe cristiana (algo muy lejos de la probable realidad histórica). Y enmarca la narración como una historia de amor entre Drácula y Mina Harker, quien pasa a ser la reencarnación de Elisabeta, su esposa de 400 años atrás. Coppola dio así un giro al personaje clásico de Drácula, hasta entonces un personaje eminentemente de terror4Aunque con marcadas connotaciones eróticas, que mantiene en esta película.

La estética de este corto nos retrotrae a una tardía Edad Media estilizada y algo noventera. Pero el detalle de la batalla contra los turcos, mostrada como un teatro de sombras (casi de marionetas) nos lleva al terreno de las narraciones legendarias, de los cuentos narrados junto al fuego, de las sagas transmitidas de generación en generación, que no quieren ser fieles al original sino cautivar a sus oyentes. Historias puras de incierto origen de las que hablé aquí y aquí.

Como guiño, el sacerdote está interpretado por Anthony Hopkins, quien más tarde en la película dará vida al Doctor Van Helsing, némesis de Drácula y cazador de vampiros por excelencia (así como, hay que decirlo, malo de esta película).

Más

Vean ahora esto:

Más.

More (1998) de Mark Osborne, no es un corto desconocido. Fue, desde el principio, considerado una obra maestra. Incluso estuvo nominado al óscar. Es, para mí, uno de los mejores cortos de la historia de las artes visuales, y una de las piezas de creación, en cualquier formato, que más me han marcado.

Pienso que es de lo mejor que se ha rodado nunca sobre sobre la fiebre de la creación, sobre la certeza de tener algo dentro que quiere salir y que va a salir. Contra todos los obstáculos, o quizá gracias a ellos. Como un cohete, que diría Bukowski. Sobre cómo estar rodeado de mierda es a veces un incentivo poderosísimo. Sobre cómo el fracaso, y el ansia de salir de él, es el mejor combustible para la creación. Y sobre cómo, en una inmensa imagen especular, el éxito puede llegar a ser como el jarro de agua que apaga el fuego. Como dice esa magnífica frase, «Dios nos castiga con plegarias atendidas»5Nota nerd. Siempre pensé que esta frase era de Truman Capote, y de ahí su novela Answered Prayers de 1986. Sin embargo, me he encontrado también en cientos de páginas de internet esta frase atribuida a Oscar Wilde, pero también a Santa Teresa. En aras de desfacer el entuerto, y pareciéndome extraño que un tipo con el ingenio de Wilde tuviera que recurrir al plagio, he encontrado que, en el segundo acto de Un marido ideal de Wilde, Sir Robert Chiltern dice: I remember having read somewhere, in some strange book, that when the gods wish to punish us they listen to our prayers. Quedo así satisfecho con la honestidad de Wilde y asumiremos que el strange book es alguno de Santa Teresa. Sin embargo, por más que he buscado, no hay evidencias de que la frase Se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas, que cita Capote atribuyéndosela a Santa Teresa, sea auténticamente suya..

Cuántas veces habré pensado en ese fuego incombustible que abrasa por dentro. Y de qué manera me golpean ahora, cuando la vuelvo a ver, las ojeras del personaje cuando se abre la barriga para descubrir que ya no queda nada de aquel calor.

Chistes de baturros

No puedo dejar de citar entre mis influencias al gran Luis Buñuel. Y si bien aquellas de sus películas que más me han marcado son Simón del desierto (1965) y El discreto encanto de la burguesía (1972), me es imposible no mostrar aquí la que probablemente ha sido la pieza de cine más subversiva rodada jamás, poniendo en contexto la época en que fue rodada: la escena inicial de Un perro andaluz (1929):

Ojo.

No se engañen: es una película muda. El tango fue añadido en una edición muy posterior, de 1960. Por tanto, pensemos que se podía haber puesto otra música a las mismas imágenes:

Y es que, por muchos años que pasen, nunca perderá su poder subversivo. Existe una maravillosa anécdota al respecto. En su gira Station to Station de 1976, David Bowie comenzaba los conciertos poniendo su música a Un perro andaluz. Según contaba el propio Bowie, mucha gente se le acercaba a preguntar quién era ese joven artista responsable de las imágenes con la que el músico empezaba sus conciertos. A lo que tenía que responder, claro, que el joven artista era un señor español de setenta y tantos años y que la película tenía casi cincuenta años de antigüedad.

Pueden ver la película entera, con música de David Bowie, aquí.

He citado arriba Simón del desierto (1965). Es una de mis películas preferidas, una de las que más me han influenciado, y sin duda por su duración (43 minutos) es una pequeña película. Véanla si pueden; por el momento les cuelgo una de mis escenas predilectas:

Un gran paso para la Humanidad

Otra película antigua que ha dejado una fuerte huella en mí es Viaje a la Luna (1902), de Georges Méliès. Película pionera absoluta de los efectos especiales y la ciencia ficción, su magia y su maravillosa ingenuidad no dejan nunca de fascinar. Vean el maravilloso alunizaje y la salida de los astronautas de la nave, para admirar la salida de la Tierra. Es historia del cine y del arte, y un gran paso para la Humanidad:

Me resulta tristísimo pensar que Georges Méliès acabó sus días en la miseria, regentando un quiosco de juguetes en la estación de Montparnasse.

La película completa puede verse aquí. No dejen de hacerlo.

Obras maestras dentro de obras maestras

Hay otros fragmentos de película que considero magníficos, pequeñas historias dentro de una más grande. Me encantan los placeres de Amélie (2001), de Jean-Pierre Jeunet:

La escena anime de Kill Bill (2003), de Quentin Tarantino (espectadores sensibles, absténganse):

O la maravillosa introducción de Up (2009) (preparen el pañuelo):

Otro corto (mediometraje en este caso) que me encanta es el rodado por Martin Scorsese para la película Historias de Nueva York (1989), una cinta antológica que también incluye capítulos rodados por Francis Ford Coppola y Woody Allen.

En el capítulo de Scorsese (el mejor de los tres, en mi opinión), llamado Life Lessons, se narra la historia de un pintor abstracto encarnado por Nick Nolte y la creación de un cuadro, desde su comienzo hasta su culminación, y la manera en que su vida se va entrelazando irremediablemente con su obra. Se trata, en mi opinión, de la mejor película realizada sobre el estado de enajenación que provoca el arte (y léase esta frase en sus dos sentidos).

Vean este magnífico vídeo realizado por shootingin24p, que resume la esencia de la cinta bajo los acordes hipnóticos del Paint it Black de los Rolling Stones:

Eres valiente, solo que aún no lo sabes

Dejo para el final la pequeña película que más me ha impactado en los últimos años. Se trata de un corto que aparecía en la primera temporada de la serie Channel Zero (2016), que a su vez está basado en un creepypasta creado por Kris Straub llamado Candle Cove.

La historia nace en un foro de internet llamado NetNostalgia Forums, en el que un grupo de usuarios comentan sobre sus series de televisión preferidas de la infancia. Un día, un usuario comenta sobre una serie llamada Candle Cove, de la que recordaba ciertos detalles pero no era capaz de encontrar información en ningún lado. En particular, recordaba que los personajes eran marionetas movidas por hilo y que la protagonista era una niña que quiere ser amiga de unos piratas.

Otros usuarios del foro empiezan a recordar también, y poco a poco van surgiendo más detalles. Recuerdan un barco que hablaba, o la aparición de una tormenta. Pero van surgiendo detalles cada vez más inquietantes. Recuerdan una cueva, la cueva del coraje, y a un extraño personaje cuya piel parecía hecha con jirones de otras pieles. Y recuerdan a otro personaje siniestro, un esqueleto con un gorro de pirata.

Según sigue la conversación en el foro va quedando patente que, aunque todos recuerdan haber visto la serie de niños, nadie es capaz de encontrar una evidencia de que realmente existiera. Hasta que finalmente un usuario dice que le ha preguntado a su madre si recuerda la serie.

La madre le cuenta que, cada vez que él de niño decía que estaba viendo Candle Cove, en la televisión no se veía más que electricidad estática.

La serie Channel Zero dedicó una temporada a este creepypasta, y mostró Candle Cove de la siguiente manera:

Abajo una versión doblada en español, que respeta muy bien la esencia del original:

Creo que estos tres minutos de vídeo son de las cosas más terroríficas que he visto en una pantalla.

Y termino aquí, con una reflexión. Relatando el caso de Candle Cove he pensado que no puedo dejar de verme a mí mismo preguntándome y respondiéndome como en el foro de NetNostalgia, y dando testimonio (sobre todo en el anterior artículo) de las series que me marcaron de niño. Demostrando que no las he soñado.

No se rían, no. Hubo un tiempo, cuando tenía unos veinte años, en que preguntaba a la gente sobre una serie que me había marcado en mi infancia, Sombras en la oscuridad, y nadie, salvo mis hermanos, había oído hablar de ella. No saben el alivio que sentí cuando, muchos años después, encontré la serie en DVD en una tienda en Inglaterra.

Eran, naturalmente, otros tiempos.

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